Blogia
BALCONES ABIERTOS

Astenia primaveral

Astenia primaveral

Hoy el tiempo sigue revuelto. El cambio de estación siempre me afecta mucho, me marea, se me olvidan las cosas, me pone un poco floja. Dicen que eso es la astenia primaveral. Yo no sé lo que será, pero llevo unos cuantos días tropezándome con todo, dando vueltas como las moscas de verano que están tontorronas y se chocan contra los cristales una y otra vez.

Me pongo a ordenar los cajones porque está feo que una madre se acueste simplemente porque está un poco enclenque. Así que me tomo un paracetamol e intento seguirle el ritmo al romancero de la perfecta cuñada, que es en lo que me estoy convirtiendo, no sin darme cuenta, que sí que me doy, pero es que es algo que no lo puedo frenar. 

Yo no sé por qué, cada mañana me levanto como si tuviera que echarle una carrerita al día. En cuanto que suena el despertador, salta en mí un resorte que me habrá salido nuevo, porque antes no lo tenía, y comienzo a dar volteretas por el piso poniendo orden, guardando, doblando, haciendo y deshaciendo todo lo que hay que hacer y deshacer. Como mi amiga Ana López lo explica, la verdad es que no lo ha sabido explicar nadie. Para ahorrar tiempo, hago varias cosas a la vez. Dicen que las mujeres sabemos hacer eso a la perfección, sin embargo…cuando una se levanta a las siete y media a.m. después de haberse despertado una vez porque el niño quería pipí, otra porque estaba soñando, otra porque quería agua y otra porque el adorado esposo respira una jartá de fuerte…una va perdiendo facultades. El otro día, sin ir más lejos, comencé la faena con la luz apagada, para no despertar al niño y que me dejase por lo menos tomarme el café. En el cuarto de baño tengo puesta una mesita con un paquete de toallitas de aloe vera que sirven para todo y otro paquete de gamuzas desinfectantes para limpiar lo del baño. Como estaba tan oscuro y yo tenía tanta prisa por comenzar la competición matutina, terminé por hidratar el mueble que se encuentra frente al inodoro y desinfectarme mis partes. Con lo cual, di un salto que ni la Paulova en sus buenos tiempos y del tirón me metí en la ducha a enjuagarme todo lo que pudiera, pero como todavía no me había dado tiempo a encender el termo, el agua salió más fría que un témpano, así que me despabilé y me quité yo misma la astenia sin necesidad de tomarme ni ginseng ni nada. Barato me salió, desde luego. Lo que pasa es que, afortunadamente, a una no le ocurren estas cosas todos los días. Y hay veces en que la flojera se te mete en el cuerpo de una manera…

Hace poco, como iba diciendo, ordenando o revolviendo los cajones, porque no sé muy bien lo que hago, me encontré con una redacción de una antigua alumna. El trabajo consistía en comentar, valorar y expresar la opinión personal sobre un texto que hablaba de Mozart. Concretamente, el texto abordaba cuestiones como lo de ser niño prodigio, su trayectoria profesional, lo prolífico y lo famoso que fue…y finalmente, cómo Viena le volvió la espalda, perdiendo el favor del público y gran parte de sus alumnos. Termina el texto diciendo: “En 1791 murió y fue enterrado en una fosa común, sin que nadie sepa con seguridad donde reposan sus restos”.
A lo que iba. Carmen, la alumna que escribió su redacción basándose en este texto, se centró en la idea de que no se sabía dónde estaban los restos de Mozart. Escribía muy indignada: “¡Pero cómo puede ser que alguien tan listo no sepa adónde reposan sus restos!” y continuaba incomprensiblemente reprochándole a Mozart que eso estaba muy mal, que por muy genio que uno sea, uno siempre tiene que acordarse de donde pone sus restos, porque cada uno tiene sus restos, que son muy importantes y está muy feo perderlos.
En fin…yo no sé si Carmen realmente sabía de lo que iba el texto, pero la verdad es que en días como el de hoy, con esta desidia que tengo encima, no me extraña que en cualquier momento se me olvide hasta dónde he puesto yo mis restos, lo mismo que le ocurrió a Mozart. Feliz primavera.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

1 comentario

Pepito Grillo -

Amore mio, una observación. Deberías dejar claro si estos textos son ficción o son dietarios, o una mezcla cercasiana (de Cercas, el de Salamina), pues si se entienden como descripciones reales de tu estado de ánimo pueden tener consecuencias... (y hasta ahí puedo escribir)
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres