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BALCONES ABIERTOS

La fuerza de uno

La fuerza de uno

Siempre que llega abril, me acuerdo de mi hermano. Él nació
en este mes, hace ya bastante tiempo, sin embargo, recuerdo ese momento como si hubiera sido hace un par de meses. Mi hermano y yo no nos parecemos en nada. Él es alto, delgado, atlético, deportista, fibroso, nervioso, bien proporcionado, ha hecho puenting, ha volado en parapente, ha competido y arbitrado en artes marciales, ha montado un gimnasio en el que imparte todo tipo de actividades. Y yo…bueno, no merece la pena enumerar nada. Yo no soy ni seré, ni he hecho ni haré nunca nada de eso. Lo más arriesgado en lo que me he embarcado en mi vida creo que ha sido en tirarme por un tobogán y todavía lo tengo presente, porque me tiré con la barriga para abajo y como llevaba puesto el peto del colegio, se me engancharon los botones en la rejilla y me quedé colgando. Tuvo que venir la señorita a desengancharme y fui objeto de burla durante mucho tiempo. Supongo que genéticamente yo me llevé toda la grasa de mis padres y para mi hermano quedó la fibra. Tan injusto y tan real como la vida misma. No obstante, mi hermano y yo somos siameses. ¿No os lo había contado nunca? Pues sí. No es el primer caso de la historia. Muchos gaditanos conocerán el asunto de las
siamesas de Cádiz, dúo formado por Rocío López y Ana Magallanes. En ellas es todavía más extraño, porque no son ni siquiera hermanas, pero son siamesas.  Aquí os dejo el ejemplo. Hay que entonarlo con la musiquilla de “son las cosas de la vida, son las cosas del querer…”

R-Si tú sales por la noche, y yo salgo más de día,

A-es porque yo soy marchosa y tú estás cuajá perdía.
R-Si hasta pá comprarnos un piso, nos estamos peleando.
A-tú quieres vivir en La Viña y yo tirar pá San Fernando
RyA- Lo nuestro tiene que ser, que venga alguien de la NASA y nos separe de una vez.
Son las cosas de la vida son las cosas de azar, hay quien nace pelirroja y hay quienes nacen pegás.
R-Yo soy alta, tú bajita,
A-Yo soy rubia y tú calé,
R-Yo nací en La Residencia,
A-Yo nací en San Rafael.
RyA- Que no tiene ná que ver, el genio ni las hechuras con la cosas de los gen

(praparaparaparaparaa...)

R-Si mi novio no te quiere,
A-y a ti el mío no te traga.
R-Si a mi me gustan los tangas.
A-y yo prefiero las bragas.
R-Si a mi me gusta el campo,
A-y yo soy mas de la playa.
R-Mi me gusta Julio Pardo,
A-y yo soy mas de comparsas.
RyA-Esto ya no puede ser...
R-A ti te apesta el aliento,
A-y a ti te huelen los pies.
RyA-Son las cosas de la vida, son las cosas del azar...
R-Yo quiero cargar un paso,
A-yo salir en el carnaval.
R-Tú eres muy intuitiva y yo soy más de pensar,
A-tú hiciste filología y yo hice ciencias del mar.
RyA-Que no tiene ná que ver, que seamos siamesas pá que nos llevemos bien...
Con los muertos de los gen.


El tema es que no me di cuenta de que mi hermano y yo éramos siameses hasta 1992, momento en el que vimos una película titulada La fuerza de uno.

Hasta entonces, lo único que habíamos hecho juntos era pegarnos. Todavía recuerdo el día en que me tenía frita a tortazos. Yo aguantaba mucho, por eso de que era la mayor, pero cuando ya no podía más… le
daba una que no volvía a por otra. Estábamos jugando en una resbaladera que tenía la Facultad de Medicina en aquella época y que, dicho sea de paso, terminaba en pinchos.
Con los años me di cuenta de lo que significaba eso y de lo que representaba la canción Tears in heaven.  A lo que iba, mi hermano estaba resfriado y tosía como un tísico, lo que no era atenuante en ningún caso para el maltrato con el que me castigaba gratuitamente. El caso es que me tenía ya hasta la coronilla. Así que entre tos y tos, le propiné al canijo un tipo de porrazo en la espalda indescriptible. Inmediatamente, el niño expulsó tal esputo flemático y purulento, que incluso mi padre, que llevaba veinticinco años trabajando en neumología, se llevó las manos a la cabeza. Lo milagroso de todo esto es que el chiquillo ni lloró, supongo que debido al alivio que sentiría la criatura al deshacerse de tremendo huésped. Mi madre no supo si atizarme o darme las gracias, así que finalmente optó por no hacer nada. Y, después de todo este lío, nos fuimos a casa como si tal cosa.

Episodios como este se repetían cada dos por tres en cualquier parte, en la calle, en el patio del colegio... hasta en misa nos hemos llegado a pelear. Pero fuimos creciendo y nos dimos cuenta de que había otras formas de relacionarse, a parte de la de darse de hostias. Poco a poco dejamos de pegarnos y comenzamos a escuchar los cuarenta principales, a salir en pandilla y a desarrollar nuestros gustos: a él le apasionaba el deporte y a mí la lectura y la música.

Cuando comenzamos a ver esta película, ninguno de los dos tenía claro que quería dedicarse a la docencia. Sin embargo, a medida que se iban desarrollando los temas: el racismo, la unidad de un grupo en torno a un ideal, la importancia de la música, la necesidad del deporte, la inclusión como clave de la supervivencia, la educación como motor de liberación, la lucha por los derechos humanos, la justicia, la esperanza, el amor y la dignidad, mi hermano y yo nos miramos y notamos más que nunca que coincidíamos en algo.

Hace poco hemos estado recordando esta película y viendo cómo podemos trabajarla en clase. En mi casa ha sonado la banda sonora de Hans Zimmer, inspirada en temas africanos. En su casa estaban los guantes de boxeo encima de un mueble. Por teléfono hemos tenido una conversación propia de dos siameses gaditanos. Vaya par de maestros que estamos hechos.

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4 comentarios

Curripipi -

Hoy me ha llamado un amigo que se planteaba si podía ser como es. había tenido una discusión, pequeñita, con su pareja, y ella le reprochaba algo que a él no le salía. Me llamaba y me preguntaba - porque es psicólogo, como yo -: tengo derecho, es aceptable, que sea como soy? o tengo que ser cómo los que me quieren esperan?
Yo le he contado que cuando nos encontramos y queremos a alguien, en el proceso de identidad (todo amor en parte es un proceso de identidad, es lo que define y separa al amor de la pasión) nos encontramos con cosas que no, que no nos gustan, vaya. Una de las cosas mágicas de este conciliar lo que sí y lo que no, para vivir ese amor y la vida, sobre todo esta última, es cuando llega ese momento en que amamos y hasta extrañamos en cierta forma, lo que no. Cuando recordamos aquello que nos separaba de esa persona amada y lo hacemos con cariño.
Mucho que ver con la aceptación, el amar y la sabiduría de la vida, encuentro en tu post. Y paro ya que de pronto me estoy sintiendo el Maestro Po, cuando soy más bien el pequeño saltamontes.
No dejes de citar a las niñas, que con los clásicos se va a todas partes.

Qué gran peli, aunque algo ajada, verdad?
http://www.youtube.com/watch?v=67PTrCZjg-Q

El Diablo cojuelo -

Cómo me gusta, mio amore, que saques pafuera a la escritora que llevas dentro (y que rabia me da que te salga de un tirón -me imagino-, como al ínclito Cerénestos textos volanderos tan preciosos y tan tuyos. Me deprimo mucho sólo de pensarlo (con los sudores que me cuestan a mí los míos, para que luego queden tan andrajosos y harapientos). Eso sí, tengo que disentir firmemente del principio (como tu prima). ¿Qué es eso de que tú no practicas deportes de riesgo? ¿Acaso no es más arriesgado hacer filología y luego pasarse a la música, dar clase al primer ciclo de la ESO, vivir con Pepe Vihuela, dormir con un roncador estruendoso, educar a un saltimbanqui que no se cansa nunca, convivir con un filósofo, ser madre, esposa, ama de casa, secretaria, profesora, conductora, cuentista, jugadora (juega conmigo, mami), paseadora (vamos a la calle), recitadora (de poemas y canciones), etcétera, etcétera, etcétera.
Ir de Atlas por el mundo (que llevaba el peso del mundo en sus hombros) es más duro que ir de Apolo. Si el primero se descuida un poco, se le puede caer el globo terráqueo y romperse en mil pedazos (pues es tan frágil como un ordenador de esos que se rompe con un poco de té). No me hagas reír. La vida es un deporte de riesgo, y más cuando vas de supermami y no tienes seguro de vida. Un besico en tus párdados, golondrina.

almudena -

Muchas gracias por tu comentario, prima. Me animas mucho, tú ya lo sabes. Qué lástima que no haya vídeos de las siamesas para enlazarlo, que con estas dos sí que te partes de risa. Son para verlas. Muchos besitos.

Rosa Ocaña -

Como siempre,¡¡¡ buenísimo!!!. Pero tengo algo que comentarte, pues tu has hecho algo que tu hermano no podrá hacer nunca, y es embarazarte, parir a ese niño tan lindo que tienes y amamantarlo. Por eso y solo por eso tu ya eres maravillosa. Espero ansiosa tu próxima publicación. Hasta entonces un beso guapa.
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