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BALCONES ABIERTOS

VENUS DE WILLENDORF

VENUS DE WILLENDORF


Últimamente me cruzo en mis caminatas matutinas con alguna compañera del parque infantil. Nos saludamos con un suspiro, porque más no podemos hacer. A veces cogemos resuello y atinamos a pronunciar alguna frase entre sudores y palpitaciones: “a ver si se nos cae un trozo de carne por el camino, comadre”. La otra levanta el pulgar como diciendo: “eso, eso”, y continuamos nuestra marcha.

Cargamos con nuestro culo todo el año, pero en el mes de junio es cuando más nos pesa. Lo miramos, lo medimos, lo golpeamos, lo raspamos con un guante de crin…alguna es capaz hasta de darle descargas eléctricas, como se le hacía antiguamente a la gente loca. Pero nuestro culo, después de tanto tiempo con nosotras, nos tiene mucho cariño y le cuesta despegarse, así que sólo nos quedan dos opciones: volverle la cara o aceptarlo tal cual es, como hacemos con los maridos.

Yo, personalmente he optado por la segunda. He empezado a buscar las ventajas que puede tener parecerse a una Venus de Willendorf y padecer esteatopigia. En primer lugar, siempre tenemos un asiento mullido, aunque nos sentemos sobre una piedra. También podemos ser la almohada de nuestros hijos a la hora de la siesta. Podemos acompañar nuestra canción favorita con percusión corporal (tocando el pandero) y alojar en nuestra hucha un millón de euros si los tuviéramos.

Por otra parte, existen estudios que aseguran una relación directa entre el tamaño del trasero, la salud y la inteligencia. De manera que se supone que tener un culo voluminoso ayuda a disfrutar de una buena salud, ya que previene el desarrollo de la diabetes y mantiene bajos los niveles de colesterol. Por lo visto, el omega 3 se acumula en las nalgas. Estos ácidos intervienen en el desarrollo y el buen funcionamiento de cerebro y por eso somos más listas, debido al omega 3 que tenemos acumulado en forma de celulitis.

El estudio también asegura que los hijos nacidos de madres con caderas más anchas son intelectualmente superiores a los hijos de madres de caderas estrechas y que esta teoría justifica la preferencia masculina por los culos voluminosos, que obedece a un instinto primario para asegurarse la evolución de la especie y no tanto a un deseo libidinoso.

Una vez leído el estudio, hice las paces con mis posaderas. Comprendí que cuando los albañiles me gritaban desde la obra: “qué pedazo culo, morena”, en realidad se estaban fijando en mí capacidad intelectual, en la superioridad de mi estirpe y en mi capacidad para engendrar algún machote espartano, futbolista y a la vez inteligente.

Por otra parte, pienso en las tendencias que surgen, sobretodo ahora en la época estival, y me pregunto cómo puede ser que una característica tan típicamente femenina, tan común, tan cotidiana como puede ser la acumulación de grasa en la retaguardia, no se haya puesto de moda todavía. Analicemos los fenómenos.

Hace poco me enteré de un movimiento feminista que se llama sobaquember. Se trata de romper con los prejuicios sociales que consideran antiestético una mujer con las axilas sin depilar. Lo máximo no es dejarse el pelo de la sobaquera largo, sino que además hay que teñírselo con colores llamativos. La cosa es que Instagram ya está repleto de muchachas con las concavidades naranja, rosa, violeta…Algunas se ponen los pelos de varios colores, como las mechas que le hacíamos con los plastidecores a las melenas de nuestros muñecos de “pequeño pony” y a las Barbies viejas. Otras se lo ponen a conjunto con el color del cabello, de manera que se colocan un pelucón verde pistacho y cuando van a despedirse de alguien a lo lejos, las sudorosas greñas parecen querer escapar de su prisión, pidiendo auxilio como moribundas raíces de regaliz chorreando tinte verde. En lugar de un “adiós”, parece un “socorro” y, mientras tanto, el brazo flácido continúa agitándose en alto, proporcionando un rato de respiración a ese manojo de algas sobaqueras, especie única en el mundo, desde luego.

Otra tendencia veraniega que lleva ya un tiempo circulando consiste en el tampodka, que es empapar un tampax en vodka e introducirlo en el orificio vaginal para así provocar una borrachera inmediata. Yo no sé si de camino se desatrancará la tubería, en caso de tenerla atascada, se desinfectará el circulillo y se quedará una vacunada contra la sífilis. Se exterminarán las ladillas, la candidiasis y otras venéreas de por vida, se ensancharán las trompas de Falopio y hasta las de Eustaquio si me apuras. Eso ya no lo explicaba el reportaje.

También tenemos el eyeballing, que es tomar chupitos de alcohol por los ojos. De manera que una chavala moderna de hoy en día, si quiere estar totalmente “in”, lo que tiene que hacer es, en pleno mes de julio, dejarse crecer los vellos del sobaco, teñírselos de un color como rosa fucsia o azul eléctrico, irse de marcha con las amigas y, al llegar al bar, hacerse una infusión en el cubata con el propio tampón, verterse lo que le sobre por los ojos y, ya para terminar, enrollarse con un colega que acabe de

conocer al que le vaya el rollo del oculolinctus, que no es más que buscar el placer erótico lamiendo el globo ocular. Fuentes fidedignas aseguran que el oculolinctus proporciona una sensación tan agradable como un beso de tornillo, pero es mucho más innovador, dónde va a parar.

 

Lo que no cuentan los usuarios de esta costumbre es cómo puede ser que se conocieran en una fiesta universitaria y que acabaran vendiendo cupones en la esquina del bar en el que experimentaron ese amor a primera vista. “Mira qué cosa más tierna, dos cieguecitos que se han conocido en la ONCE y ahora son pareja”, pensamos todos. Qué malas pasadas nos juega a veces la lógica.

 En cuanto a la moda de las pasarelas, vivimos en una época de contrastes, y en la que puede pasar de todo. Como por ejemplo, que lo que antes se consideraban “defectos” estén de moda. Primero fue la diastema (los dientes separados, con embajadoras que van desde Brigitte Bardot a Lara Stone pasando por Georgia May Jagger), después las cejas gruesas (la pionera fue Brooke Shields, y la reina de las cejas bold es hoy Cara Delevingne)… y ahora le toca el turno a las orejas grandes y/o despegadas. Si hace unos años era uno de los motivos más comunes de complejos en la infancia, y su corrección la cirugía estética más fecuente en menores de edad, el look Dumbo arrasa hoy sobre la pasarela y en las campañas de publicidad de las firmas de moda.

 

En resumen, una mujer en boga puede anidar en las axilas dos estropajos de scotch-brite si le da la gana, paliar los efectos de la menstruación con vodka intrauterino, irse de chupitos oculares hasta que se le desprenda la córnea, liarse con un emo al que le ponga chuparle las pupilas, tener las paletas una en Conil y otra en Trebujena, las cejas como Bibi Andersen en sus buenos tiempos y las orejas como Pepe Soplillo, pero no puede tener celulitis, porque eso está totalmente “out”. Yo no sé tú, pero yo no lo entiendo. 

Amigas mías de mi corazón, vamos a ponernos de acuerdo, como hacemos cada verano, para sacar a pasear en pandilla nuestras tremendas cachas, nuestras lorzas y michelines, nuestras papadas y nuestras pechugas, y vamos a remojarlo todo con mucha cerveza fresquita. Porque después de nuestros partos, nuestras horas de trabajo y nuestros quebraderos de cabeza, ya está aquí el verano. Y en nuestra pasarela de cubitos, palitas, toallitas húmedas, carricoches, pescaíto frito y tinto de verano, nosotras marcamos tendencia. La “Fashion Week” empieza en cuanto me digas.

Señoras y señores, puede que seamos ballenas, focas, gordonchas, gorditas, gordibuenas… somos princesas del Pacífico (ir a enlace y sabrás de qué te hablo javascript:nicTemp(); ), pero también somos Venus sobre la arena, auque nos queme y andemos a saltos, mostrando a todos el bamboleo de nuestras carnes. Aunque se nos escapen los niños, se nos vayan mar adentro y tengamos que llamarlos con un brazo mientras que sujetamos a la abuela con el otro. A pesar de todo, es así, no somos unas Venus cualquiera, somos las de Willendorf. Todos atentos, el desfile va a comenzar. ¿Te vienes con nosotras? Pues no sabes la que te espera.























































 

 

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